Noticia Cultura: | PIB de la felicidad

Redacción | Tecolote Dopado*
2017-04-05

Cuando la rama cruje

 

Acabo de enterarme de que hay un país en el mundo (no sé si haya más), que no mide su riqueza en dinero o en reservas de oro o petróleo, sino en cantidades de felicidad.

            Parece broma, pero leí que tienen un Ministerio cuya función primordial es la de medir qué tan feliz vive la gente ahí y ofrecer todos los medios posibles para que lo sea, pues su filosofía de gobierno parte de considerar que el más importante objetivo de cualquier político o grupo de poder, como administrador y custodio de dicho poder, es el de procurar que sus nacionales sean felices, ojo: no acaudalados, no excelentemente educados, tampoco expertos en tecnología de punta, sino felices en primer lugar y sobre todas las cosas.

            Y ese país, ¿cuál es? Nada menos que Bután, un pequeño país asiático que comparte fronteras con China e India en los enclaves del Himalaya donde, por cierto, ha de hacer un frío espantoso, lo cual resta un punto menos a la meta de ser feliz en la vida de cualquiera. No obstante, esa zona alberga naciones que tradicionalmente se han proyectado como comunidades de gran aptitud para la alegría y la vida armónica, como el Tíbet, tierra natal del Dalai Lama, o Cachemira, que no es un país, pero sí una legendaria región del norte de la India muy cercana a la noción de paraíso que heredamos de los antiguos, incluso muchos estudiosos de las tradiciones sagradas consideran que ahí se encontraba el paraíso de los textos bíblicos.

            No sé si Bután está habitado en efecto por gente feliz. Siendo una nación pequeña y pobre, no tendría muchas razones para serlo de acuerdo a nuestra manera de entender el mundo. Pero me parece que la iniciativa de medir el bienestar basado en felicidad y no en dinero es mucho más oriental que occidental. Es por eso que una de las cosas que más infelicidad nos causa es sentir que no contamos con los suficientes recursos para “comprar” la felicidad. En Occidente, en efecto, la felicidad debe comprarse, pues ésta se representa en objetos y placeres, tales como el de la comida, la ropa, la calidad y propiedad de la vivienda, del automóvil y hasta de bolsas, perfumes, plumas y relojes, y ¿cómo no? la buenura de la o las (de

El Regional

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